Los impactos de un desastre por género

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Los impactos de un desastre por género - Foto - CDRI
Los impactos de un desastre por género - Foto - CDRI

En muchas culturas, el género opera como un mecanismo para asignar las posibilidades de desarrollar una vida, tanto en el nivel de exposición a la violencia o incluso elegir entre vivir y morir. Ejemplo: un padre que estaba atrapado en las aguas de una inundación en Bangladesh eligió a sus hijas, una por una, para asegurar que su hijo sobreviviera. En fin, las mujeres son tratadas de manera diferente en cada etapa de un desastre. En este documento, el concepto de “desastre” se define como cualquier evento calamitoso. Éste puede incluir factores naturales (como un huracán o una inundación), tecnológicos (como derrames de petróleo o accidentes de fusión nuclear), o políticos (guerras) y mucho más.

La situación preexistente: la vulnerabilidad

Con el fin de preparar un área para resistir mejor un evento calamitoso, las localidades y poblaciones vulnerables necesitan ser identificados y preparados de manera adecuada y apropiada. Una población vulnerable se define por ser capaz de ser física o emocionalmente heridos. Esta definición es amplia y entonces puede llegar a incluir un gran número de grupos, incluyendo los ancianos, los niños, las mujeres, los analfabetos, personas de nivel baja socioeconómica, los que carecen de influencia política y/o social, los que están discapacitados, y varios otros. Reconociendo este nivel de diversidad, un desafío importante para la preparación adecuada y apropiada es la identificación de las poblaciones vulnerables dentro un área de riesgo.

Por lo general, los que tienen bajo nivel socio-económico parecen ser los más vulnerables, y muchas veces, esta categoría incluye a las madres solteras. Carecen de acceso a recursos (como servicios de seguro), que suele tener pérdidas completas cuando ocurre un desastre. Las poblaciones pobres no viven en las mismas áreas que son típicamente ocupadas por las personas en posiciones socioeconómicas altas, quienes optan por vivir en zonas de bajo riesgo. Muchas poblaciones pobres viven en áreas que son de altitud baja, y cerca de las llanuras aluviales, riberas, pendientes pronunciadas, y tienen casas que están mal construidas, porque no pueden permitirse el lujo de mudarse de áreas que suelen ser susceptibles a impactos más graves en un evento desastroso.

La vulnerabilidad económica de las mujeres puede ser extrema, lo que las puede hacer dependientes de las compensaciones o programas de alivio. Diferencias de género, edad, estado civil, la estructura de la familia, y hasta el acceso al transporte afectan la capacidad de acceso a los beneficios de programas de asistencia. Cuando se consideran poblaciones vulnerables por género, es importante mencionar que esa categoría no es la única variable que hace que las mujeres sean una población vulnerable en el evento de un desastre. Dentro del género, la vulnerabilidad puede variar de forma y/o magnitud debido a diferencias económicas, raciales, étnicas, la estratificación socioeconómica, y/o la edad; factores que hacen que algunas mujeres requieran más apoyo que otras antes, durante y después de un evento calamitoso. Madres solteras, las mujeres de edad y/o las de bajo nivel socioeconómico pueden estar más expuestas a vulnerabilidades que, por ejemplo, una mujer casada o de condición socioeconómica alta.

Diferencias durante el evento desastroso

El género tiene un efecto en la forma en que un individuo percibe su experiencia de eventos y los impactos que surgen de eventos desastrosos, y también en la forma que uno se prepara para eventos desastrosos. Esto implica que las medidas de preparación para un futuro evento calamitoso se pueden desarrollar al nivel del hogar. Entonces, como consecuencia de la manera que una población se prepara para un evento, lo que el individuo puede llegar a experimentar varía entre géneros. Reconociendo esto, se nota que en el evento de un desastre, las mujeres y los niños son evacuados y a los hombres se les permite permanecer en el área. Además, muchas veces, inmediatamente después de la catástrofe, los hombres dejarán a sus familias para “ayudar a los demás y reportar a las agencias de emergencia”. Pero, aparte de estas diferencias por género al nivel familiar o de hogar, también existen diferencias en la manera en que reaccionan las agencias y/o servicios que se presentan en la ocasión de un desastre.

Los agentes de servicio médico de emergencia que llegan a un sitio impactado consideran las necesidades de muchas poblaciones especiales como por ejemplo los bebés, los ancianos, los discapacitados, etc. Pero los proveedores de servicios muchas veces no consideran necesidades femeninas médicas de manera adecuada. Las mujeres embarazadas son propensas a sufrir de alta tasas de infección vaginal, nacimientos prematuros y abortos, debido a la interrupción de las infraestructuras de salud pública, que son importantes para el cuidado prenatal adecuado, durante el parto y posparto. Incluso en circunstancias normales, alrededor de 15% de mujeres embarazadas necesitan atención obstétrica de emergencia, pero en situaciones de desastres este número se aumenta a medida que las instalaciones y el personal médico se vuelven inadecuados. El cuidado de las mujeres embarazadas es una característica que produce cambios importantes cuando se factoriza en las reacciones de agentes de emergencias de salud, en las características de instalaciones y en los costos. Pero además de la falta de consideración a las necesidades de la mujer, se ve que estas necesidades no solamente están basadas en su estructura fisiológica, sino también dentro de su marco psicosocial.

Después del evento desastroso

Entre culturas, el poder y el privilegio de género da forma a la división del trabajo y deberes en las rutinas diarias y en la economía global, en el control de la tierra y las herramientas, el acceso a la educación y servicios de salud. En las etapas de alivio y etapas de recuperación, las mujeres más que los hombres, pueden ser dejadas fuera del proceso de alivio . Incluso cuando las mujeres ocupan una posición oficial de gestión de emergencias, tienden a estar fuera del sistema de recuperación que se convierte en algo patriarcal, y sus ideas pueden ser ignorados o percibidas como sugerencias en lugar de órdenes.

Además, las mujeres más que los hombres pueden tener problemas en reajustarse después de un evento desastroso. En un estudio que observó a una comunidad pesquera nativa impactada por el derrame histórico de Exxon Valdez (del año 1989, donde alrededor de once millones de galones de petróleo fueron soltados y contaminaron las ecosistemas del área), se notó que hubo un impacto desproporcionado entre géneros. En particular, se observó que, aun 20 años después del derrame, se encontró que las mujeres sufren, más que los hombres, de condiciones psicológicas como la depresión.

Las mujeres se diferencian de los hombres en que tienen profundas reacciones psicológicas a los desastres. Se nota que sufren el doble de la tasa de estrés pos traumático que los hombres, con síntomas de hiperexcitación persistente, la evitación, la confusión, hiperventilación, falta de aliento, dolor de cabeza, presión en el pecho, así como la presión arterial elevada e irregularidades cardíacas. Esta diferencia podría ser debido a que los hombres tienden ser más habilitados en obtener algún nivel de normalidad con bastante rapidez después de un evento calamitoso. Pero esto solo resulta por una distribución desigual de responsabilidades. Como por ejemplo, después de un desastre, los hombres vuelven a trabajar y a su rutina, mientras que las mujeres se quedan en el hogar para encargarse de la limpieza, para estar de pie en la fila para recibir la ayuda, o para discutir con los oficiales y/o representantes para recibir los beneficios monetarios que se merecen .

Algunas investigaciones también sugieren que las mujeres pueden ser más vulnerables a la violencia física y/o sexual después de un evento calamitoso ocurre debido al estrés inducido por desastres, el abuso del alcohol, y la descomposición (temporal) de la ley y el orden . Por ejemplo, después del huracán Andrew en los Estados Unidos, las llamadas a los servicios comunitarios locales debido al abuso doméstico aumentó en 50% . Si la policía y/o los militares tienen problemas o no pueden restaurar el orden en una zona que fue impactada por un desastre, los robos y los actos de violencia suelen ocurrir con más frecuencia. También se ha encontrado que cuando las personas son evacuadas a campamentos, los campamentos pueden llegar a ser sobrepoblados y difíciles de controlar. En estas situaciones, las mujeres no acompañadas y las niñas son particularmente vulnerables al abuso sexual y la violación. Las mujeres también pueden ser “afectadas negativamente por condiciones inaceptables de la salud e higiénicas que se encuentran en los campamentos de refugio, simplemente porque muchas veces, productos como las de higiene femenina no se exigen de manera suficiente para los evacuados”.

La violencia doméstica es un hecho social que contribuye a la vulnerabilidad específica de género de las mujeres en los desastres, sin embargo, los programas de control contra la violencia doméstica tienden a tener una baja relevancia entre las etapas de planificación de alivio de desastres. Las mujeres sin amplias redes sociales resultan ser vulnerables a que sus abusadores “los mantienen aisladas, restringen su transporte y las oportunidades de empleo así como el control de recursos del hogar” . Los programas de abuso doméstico que se desarrollan para gestionar los impactos de un evento desastroso deben ser conscientes de que el abuso se puede aumentar como consecuencia de la tensión, debido al evento desastroso y el hecho de que las mujeres puedan tener una movilidad y capacidad limitadas debido a eventos calamitosos.

Los desastres pueden ser naturales o tecnológicos, pero impactan a todos. Estos impactos no se deben considerar de manera general, sino por individuo, o por lo menos por grupos demográficos. Hay que considerar la variedad de consecuencias que pueden surgir de un evento desastroso, y que estas múltiples consecuencias varían entre grupos dentro una población. Hay que notar que las reparaciones tienen que incluir no solamente la participación de una población afectada, sino también de los individuos afectados. En particular, hay que prestar más atención a las necesidades de las mujeres en una población impactada, para evitar los problemas no solamente de salud física, pero también de los impactos psicológicos.

(Santiago Manuel Canton)

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